Fue la Iglesia Católica la que implantó la celebración de San Valentín en el año 494 d.C. En la antigua Roma, cada 15 de febrero se celebraba por aquel entonces la fiesta pagana de las Lupercales, en honor a Lupercus, y el papa Gelasio I quiso acabar con ella instaurando un día antes el Día de los Enamorados. Dicho y hecho, la nueva fecha caló hondo, se extendió y aún perdura.

Aunque su existencia genera dudas y controversia, cuentan que el Valentín del amor, uno de los tres santos mártires romanos del siglo III, se enfrentó al emperador Claudio II cuando este prohibió los matrimonios entre jóvenes, argumentando que los solteros sin descendencia eran los mejores soldados. El sacerdote oficiaba casamientos en secreto como muestra de insumisión, pero fue finalmente descubierto y encarcelado.

Ya entre rejas, narra la leyenda que el oficial Asterius, carcelero de Valentín, quiso ridiculizarle proponiéndole una prueba: devolver la vista a su hija ciega, de nombre Julia. El religioso hizo posible el milagro y tanto Asterius como su familia se convirtieron al cristianismo. El santo mártir fue ordenado ejecutar y Julia, agradecida, plantó un almendro de flores rosadas junto a la tumba del protagonista como señal de amor eterno.

A pesar de tener su origen en la Europa germánica, el Día de los Enamorados se celebra actualmente en gran parte del mundo, incluidos Estados Unidos y algunos países de Asia como China, Japón y Taiwán. En algunos lugares se conoce como ‘Día del amor y la amistad’ o ‘Día de los novios’ y también varían las fechas: en Bolivia es el 21 de septiembre, en Brasil el 12 de junio, en Egipto el 4 de noviembre…

Creáis o no en San Valentín, esperamos que os haya gustado la historia y que disfrutéis siempre del amor. El 14 de febrero y el resto de días del año. ¡Salud y felicidad compartida!