La tradición de las alianzas de boda se remonta en el tiempo casi tanto como el hecho en sí de colocarlas en el dedo anular. Seguramente te has preguntado alguna vez a qué se debe que sea este y no otro, de dónde procede la costumbre y por qué hoy en día la seguimos manteniendo. Te lo aclaramos a continuación.

Fue en el Antiguo Egipto donde los novios comenzaron a intercambiarse anillos como símbolo de compromiso. Lo que comenzó siendo una anécdota se convirtió en un ritual y los griegos lo heredaron añadiendo además una novedad: el hábito de colocar la alianza en el dedo anular. ¿La razón? Pensaban que en este existía una vena que comunicaba directamente con el corazón, qué mejor manera de sellar el amor.

A los romanos también les pareció buena idea lo de usar alianzas en las bodas y de igual modo los novios las portaban en el anular. Antes pasaban el anillo por otros dedos utilizando el método cristiano trinitario, que consistía en acompañar la ceremonia con las palabras “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Si prefieres una historia aún más bonita, te diremos que existe una curiosa leyenda china que argumenta el uso de la alianza en el dedo anular.

Para los chinos, cada dedo representa a un ser querido en nuestras vidas: el pulgar a nuestros padres, el índice a nuestros hermanos y amigos, el corazón somos nosotros mismos, el anular es la pareja y el meñique son los hijos.

Teniendo en cuenta lo anterior, la citada tradición propone el siguiente ejercicio:

1. Junta las yemas de cada dedo de la mano derecha con sus correspondientes en la mano izquierda: el pulgar con el pulgar, el índice con el índice... Todos menos los dedos corazón, los del medio, que unirás por los nudillos.

2. Separa a continuación los dedos pulgares. ¿Puedes, verdad? Pues bien, este gesto simbolizará la marcha del hogar familiar, no estaremos con nuestros padres toda la vida.

3. Vuelve a unir los pulgares y separa los índices en señal de que nuestros hermanos y amigos seguirán en ocasiones caminos distintos a los nuestros.

4. Repite el proceso con los dedos meñiques. No tendrás problemas en separarlos, queremos mucho a nuestros hijos pero antes o después ellos caminarán solos, harán una vida independiente.

5. Por último, intenta separar los anulares. Nada, imposible, a lo sumo levemente. ¿Por qué? Estamos destinados a permanecer unidos a nuestra pareja hasta el final de nuestros días. Por eso este dedo es el elegido para portar los anillos de compromiso. ¿Muy romántico, verdad?