Con la llegada del otoño, puede no ser tan ideal casarte en la playa; el cambio de mareas, el frío, la arena húmeda puede ser un verdadero problema. Pero si quieres que la boda sea al aire libre, inmersa en la naturaleza… ¿Por qué no apostamos con una boda campestre? Puede ser una idea muy socorrida, y si el tiempo no acompaña, basta con una pequeña plataforma y un toldo, con farolillos alumbrando ese momento mágico… ¿Os hemos convencido? ¡Aquí algunas ideas, que incluso tú podrás crear con tus propias manos!

La ceremonia

No hace falta que exista un altar como tal. Si el campo está bien cuidado, bastará con formar un amplio pasillo con la colocación de las sillas. El suelo será firme, por lo que podemos evitar las plataformas sin problemas. ¡Pero no tiene por qué quedar todo tan sobrio!

En las sillas de los extremos puedes añadir ramilletes con plantas y flores otoñales. De hecho, el ramillete puede estar compuesto por flores secas de otras temporadas, algo ideal si tu favorita no crece en otoño. Atarlos al en el extremo de las sillas es una opción. Otra apuesta es colgarlos en bonitos recipientes de cristal, haciendo que cuelguen de las sillas o algún soporte (varilla, bastón… siempre rupestre).

En el altar, bastará con un arco de madera, decorado con el resto de elementos y quizá hasta un mantillo. Si además la ceremonia se celebra bajo árboles frondosos o un toldo para evitar el mal tiempo, puedes recurrir a pequeñas velas. Pueden formar el camino al altar, terminando de dar ese toque íntimo y mágico que tanto gusta a la hora de intercambiar las alianzas.

 

Ideas para la ceremonia de una boda campestre


El banquete

                Una vez ha finalizado la ceremonia, es posible que toque el traslado al banquete si no se celebra en el mismo recinto. Se trata del lugar en el que más tiempo se está, por lo que lo ideal es ponerle especial atención en la decoración. Un total acierto es apostar por la abundancia de tonos verdes, con hojas y ramas de multitud de especies: helechos, sauces, pinos, abetos…

Pero al verde hay que darle más toques de color, para que no sea monocromático.  Optar por colores como naranja, crema o coral es una buena idea, quizá hasta con algún amarillo un poco apagado. Todos los colores que evoquen un canto al otoño son los indicados. De hecho, aunque sea un fruto un poco más invernal, utilizar piñones como centro de mesa es idóneo.

Por supuesto, queda la iluminación. Para seguir con el romanticismo de la ceremonia, en Cristina Wish escogeríamos los farolillos. Si se ponen en un recipiente de cristal, no serán peligrosos y podrán colocarse tantos como se deseen, para que den la luz necesaria. Suelen ser un acierto y si son flotantes, dotarán al ambiente de un toque mágico. Si no, pueden ser un elemento perfecto para centros de mesa.

 

Ideas para el banquete de una boda campestre


El cóctel

            Una boda no está completa sin su cóctel o fiesta. Este momento es genial y, además, no tiene por qué requerir una localización nueva: puede celebrarse en el propio banquete. Sin embargo, no estaría demás tener un espacio más amplio para poder disfrutar bien.

Si algo bueno tiene el campo, es su amplitud. ¿Por qué no aprovecharlo y crear un espacio más diáfano y de confort? Es sencillo: bastan unas pocas sillas alrededor de varias mesas. Los invitados podrán acomodarse y disfrutar de su copa tranquilamente. Además, si se deja espacio entre unas mesas y otras, será el espacio perfecto para los bailarines de la noche.

En cuanto a la decoración, lo ideal es utilizar muebles de mimbre. Son muy cómodos y fáciles de mover. Además, se le puede colocar algún cojín, para mayor comodidad de los asistentes. Las mesas pueden ir a juego, pero si buscas innovar, un tocón es perfecto. Su superficie puede aguantar todo y terminará de completar el ambiente de campo.

 

Ideas para la fiesta de una boda campestre

 

Y el resto, ¡depende de ti y de los invitados! Vosotros sois quienes tenéis que disfrutar de un acontecimiento tan importante, y después de tanto nerviosismo, eso está asegurado. Ahora solo queda la luna de miel y después, a vivir, por fin, como marido y mujer.